lunes, septiembre 21, 2009

Boa Constrictor

La salivación de Reynaldo a la hora de comer era de las cosas más molestas, porque presagiaba que no tardaría en echarse la jarra de agua en la cabeza. Alberto tenía que alejársela y recordarle que sólo después de que acabara la comida tendría permiso para bañarse. Qué irónico pensar que ese vergonzoso baño era una de las conquistas que Alberto había obtenido en su desesperante y no menos vergonzoso trabajo. A lo mejor por eso le contaban triple para su servicio social cada hora con los loquitos: para sufrir vergüenza ajena. Pero, a decir verdad, se estaba acostumbrando.

-Siempre se la tengo que quitar –le dijo a Moisés, quien tragaba dificultosamente el guisado, luego de que las aves de mal agüero se sentaron en su mesa- porque si no, hace un cochinero.

Algunos trabajadores de la fábrica siempre veían lo negativo de todo. Decían que la llegada de la pandilla salvaje al comedor era una táctica de la patronal para evitar que las bases se pasaran más tiempo de lo debido en la sobremesa. Una manera cruel de ganar tiempos muertos. La cola empezaba a las dos y media y a las tres y cuarto llegaba Alberto con su tropa desgreñada y torpe, provocando un discreto desalojo del local, caracterizado por miradas en las que compasión y enfado hacían desagradable mezcla.

-Come, Rosita, no seas güevona –pidió Alberto a la pequeña mujer oligocefálica a su lado, para dirigirse luego a Moi-: pobrecita, es la más pendeja de todos.

Moisés comía con el pico cerrado, lentamente porque le enseñaron a masticar veinte veces cada bocado y porque le estaba brotando la muela del juicio. Le faltaba un cacho para terminar y ya estaría de regreso de no ser por la válvula que tronó y que él tuvo que reparar. En la mesa, todo tipo de fenómenos de la naturaleza se alimentaba y emitía sonidos guturales.

-No son tan tarados –continuó monologando Alberto-, más bien están locos, sobre todo Reynaldo, que yo lo que digo es que es un cabrón. Antes, se paraba a media comida, agarraba una jarra de agua y la estrellaba contra el suelo, hasta que un día pude taclearlo y él me decía: “déjame una, unita por favor”. No que no sabes hablar, güey, y que se pone a hacer una rabieta –suelta la carcajada Alberto-, pero poco a poco lo fui convenciendo de que mejor se tirara el agua en la cabeza.

Y Moi asiente. Mira la figura grasosa de Alberto, su creciente inexpresividad. Habla con cara de palo:

-A estos loquitos los tienen de medio tiempo en una granja, haciendo una cosa que se llama “terapia ocupacional”. Yo nomás veo que ensamblan muñecas y los traen a comer acá. Yo digo que para que los de la fábrica puedan descontar impuestos. Ya ves, yo estudio comunicación, quiero ser director de cine y les vale que no sepa psicología, el caso es que los cuide.

-Nos vemos –dice Moisés y se levanta con la bandeja-, que te diviertas.

-Sí, que me divierta, qué a toda madre –murmura para sí Alberto y le quita los baberos a Rosita y a Gabriel. Se queda mirando a Reynaldo, quien se tira el agua de la jarra en la cabeza y pone a hacer muecas desesperadas. Seguro estaba muy fría.

A Alberto le faltan dos exámenes para terminar la carrera y son la semana que entra, pero no tiene ya ganas de estudiar. Después de dejar a los loquitos le habla por teléfono a su novia a ver si van al cine. Ella no puede, tiene que cuidar al sobrinito enfermo. El sábado, sí, seguro. Y Alberto toma un pesero para su casa porque de todos modos le falta un chorro qué leer para los exámenes. Compra una revista de monitos y la lee dos veces. “Ah, pinche Mexiquito”, dice cada vez que un contratiempo (un claxonazo, un gordo que va a sentarse junto a él) se aparece en su camino. Pinche ciudad devoradora.

Llega a su casa, se encierra en el único cuarto y se toma un mejoral. Tirado en la cama, observa el orden de los libros. Le gusta, pareciera que emanan un olor a tranquilidad, quién fuera bibliotecario. Al rato se levanta y se pone a jugar con los ratones blancos que sirven de alimento a Enriqueta, su boa bebé. Ojos rojos y chillidos de los ratones asustadizos. Se llaman Miguel, Gabriel, Sarita, Reynaldo, Rosita. Tan pendejos e indefensos como aquellos. Mete el dedo y un ratoncito lo quiere morder. Alberto le da un madrazo, “pinche Reynaldo”.

El espectáculo de la cena de Enriqueta es impresionante. A Alberto, no sabe por qué, lo relaja muchísimo. Por el momento, come un ratón cada cuatro o cinco días, se está tranquila en su jaula, llega incluso a ser juguetona después de comer. Un día de estos le va a conseguir un sapito, a ver qué tal.

De improviso mete la mano en la cajita de los ratones, que tratan de escabullirse. Agarra uno, no importa cuál. “¿Quién eres?”, le pregunta al ratón mientras le hace cosquillas en la panza. “Ah, Sarita”. Lo echa en la jaula de la boa.

El ofidio se despabila, sus movimientos peristálticos son notorios, se desenrosca lentamente. El ratón no sabe qué hacer, trata de correr, pero al instante se detiene capturado por la mirada de la boa. Hay un segundo de tensa inmovilidad total. El ratón, aterrado, defeca un hilito. La boa se le abalanza y en su boca babosa y mortal ya está la cabeza de la víctima. Sarita todavía mueve las patas mientras su cuerpo húmedo va siendo destruido por las secreciones del reptil, y lentamente deglutido. Aún antes del final de la operación, Alberto da la media vuelta y se pone a hervir agua para café.




Este cuento, escrito en 1977, fue publicado en El Dominical, suplemento de El Nacional, el 22 de marzo de 1992

jueves, septiembre 17, 2009

Biopics: Segundo rosario de anécdotas italianas


La crisis económica.

Los años que pasamos en Italia son considerados como de crisis económica internacional. Pero de todos modos era primer mundo. La crisis, para nuestros vecinos del barrio obrero, fue que ninguno de ellos pudo comprar auto del año… pero Mancini se compró una moto de 450 cc, la señora Grassi otra moto, pero de calle, y el sureño Basso, a quien habían mandado a la Cassa Integrazione (paro técnico por seis meses, percibiendo 70 por ciento del sueldo) se compró una bici de carreras… orden del médico, para que dejara de estar en su casa rascándose los güevos y bebiendo botella tras botella de vino.


El examen de Carreto.

Jorge Carreto tenía problemas en Teoría Económica II. A mi entender, estudiaba demasiado –hasta hice una curva de rendimientos marginales para explicarle por qué, a partir de la cuarta o quinta hora seguida, el aprendizaje por cada minuto extra de estudio se vuelve negativo: es decir, uno ya no aprende nada y nomás se hace bolas- y se distraía con las notas al pie y con las referencias. Y estaba nerviosísimo porque ya se acercaba el examen con Pivetti.

Eduardo Mapes, por su parte, estaba empeñado en ligarse a Lucrezia Reichlin, la chava guapa que nos miraba de arriba abajo. Así que la invitó a jugar tenis. Consiguió una cancha buena, pero en un horario muy tempranero, el mismo día del examen de Carreto. Lucrezia no llegaba y Mapes fue por ella a su casa. Tocó el timbre y quien le abrió no fue Lucrezia, sino un desmañanado Profesor Pivetti.

Mapes se quedó sin jugar tenis, y Pivetti no aprobó a Carreto, lo regresó para que repitiera el examen otro día.


Disgresiones sobre el verbo chiavare

He comentado acerca del triángulo platónico (de mi parte) con Paolo y Anna. Una de las razones por las que fue platónico tiene que ver con el día en el que Anna me preguntó de improviso: “¿Para ti chiavare significa penetración?” (chiavare, cuya traducción literal es “llavear”, es una palabra coloquial traducible como “coger”).

En ese momento, el estudioso del lenguaje que llevo dentro me jugó una mala pasada. Pensé, como si la pregunta de Anna hubiera sido de lingüistica: “Chiavare=llavear; la llave penetra en la cerradura…”.

-Sí –respondí, a modo de conclusión.

-Pues por eso nunca voy a hacer el amor contigo.


Un rol a Venecia que no fue,

Una tarde-noche Eduardo y yo nos fuimos a tomar unas chelas con Marta Cuoghi-Costantini y una amiga de ella, una gorda muy gorda pero que sabía mucho de rock y que me hizo una carta astral que concluía en que tendría éxito como sindicalista y cargaría una cruz en mi matrimonio. Cuando en el auto de Marta, nos llevaban a casa a Mapes y a mí, a Eduardo se le ocurre una idea genial:

-¿Por qué no nos vamos ahorita mismo a Venecia a pasar el fin de semana?

La gorda de inmediato dijo que sí, entusiasmada; yo –que iba en el asiento de atrás con ella- me dije: “bueeeno, al cabo me cae bien”. Pero Marta dudó, titubeó ante el segundo argumento de Mapes y acabó depositándonos en casa.

Luego Marta nos dijo que le había comentado a su mamá lo sucedido. La respuesta de la madre fue muy sabia:
-Ay hija, si no haces eso a los 25 años, no lo harás nunca.


Nuestros nombres

Para los italianos era difícil pronunciar nuestros nombres.

El más sencillo era el de Eduardo Mapes. A veces decían Edoardo, pero por comodidad, ya que era conocido el cómico napolitano Eduardo De Filippo.

No sé si nos les gustó el Francisco o les pareció mucho más fácil y divertido el Pancho, que es como me decían -pero escribían Pancio-. ¿Habrá habido reminiscencias cervantinas? Más problema era el apellido, Báez, que ellos pronunciaban tranquilamente como Baetz; pero si yo lo hacía ante un desconocido, lo más probable es que escribiera Baitz. Por eso mejor se los deletreaba al estilo telefonista: "Bologna-Ancona-Empoli-Zurigo".

El nombre "Jorge" se les dificultaba muchísimo a nuestros amigos y compañeros. Lo peor es que Jorge Carreto insistía en que se pronunciara correctamente. Cuando alguno, con esfuerzo extremo, alcanzaba a decir "Jjjorjjje", Carreto lo corregía: "el primer sonido es más fuerte, el segundo es más suave... joooor-ge". El italiano lo volvía a intentar, fallaba de nuevo, Jorge corregía y así ad infinitum. Al final se cansaron y lo llamaban Orche (pronúnciese "Orque"), pero yo prefería llamarlo Porche (pronúnciese "Porque"): Porche Caretto.

El que de plano se rindió fue Jorge Castañares, porque -además del nombre propio- la eñe nomás no les entraba. Una vez se estaba inscribiendo para un cineclub del Arci y le preguntaron el nombre: "Giorgio Castagnari", respondió, muy quitado de la pena, y se resolvió la vida.


La mensa operaia

Como estábamos en casa estudiando casi todo el tiempo, una opción para ir a comer era el comedor obrero de Módena Est, a unas cuatro cuadras de la casa. La comida era ligeramente más cara que en el comedor universitario, y también algo más gacha –eran codísimos con el parmesano-, pero no había que echarse una excursión en bicla. Solíamos ir alrededor de las dos de la tarde, cuando ya casi todos habían terminado, para ahorrarnos la cola. A cambio, nos tocaba ver llegar al comedor a un grupo de jóvenes deficientes mentales, conducidos por Alberto Morsiani, un conocido nuestro que estudiaba sociología en Bolonia y que ya pintaba como el crítico local de cine. No eran más de diez, pero conseguían hacer un caos fenomenal. Uno de ellos –o una, nunca pude distinguir si era hombre o mujer- siempre coronaba la comida echándose una jarra entera de agua en la cabeza, ante la mirada no sé si indolente o resignada de Morsiani. El día que él me llevó a ver a su espeluznante mascota, terminó por darme el tema perfecto para un cuento.

viernes, septiembre 11, 2009

Clasificación histórica de clavadistas mexicanos


A sugerencia popular, el método clasificatorio de atletas mexicanos también se aplica a los clavadistas. La base son los podios olímpicos, mundiales, de Universiada y panamericanos.
Esta es la lista (actualizada al 18 de julio de 2017).



Paola Espinosa 965 puntos
Joaquín Capilla 820
Fernando Platas 620
Rommel Pacheco 380
Germán Sánchez 375
Carlos Girón 320
Laura Sánchez 295
Álvaro Gaxiola 240 
Iván García 235
Tatiana Ortiz 175
Yahel Castillo 170
Jesús Mena 160
Marijose Alcalá 160
Juan Botella 120 
Alejandra Orozco 105  
Julián Sánchez 100 
Jahir Ocampo 60
Luis Niño de Rivera 60
Joel Rodríguez 50

Kevin Chávez 50
Viviana del Ángel 50
Jonathan Ruvalcaba 40
Jashia Luna 30 
Omar Ojeda 30 
Daniel Islas 30
Eduardo Rueda 25 
Dolores Hernández 25
Arantxa Chávez 20
Jorge Martínez 20

Jorge Mondragón 20
Juan Acosta 20
Carlota Rìos 20
José Roche 20

Ricardo Bañuelos 10
Guadalupe Canseco 10
José de Jesús Robinson 10
Ricardo Capilla 10

María Adames 10
Daniela Díaz 10 
Margarita Pesado 10


Hay dos comentarios preliminares qué hacer respecto a los parámetros. Uno es que el valor de las medallas en clavados sincronizados se divide en dos. El otro es hacer notar que los clavadistas de antaño no tuvieron Mundiales –y en la época de Capilla, tampoco Universiada-.

El método se basa en los siguientes parámetros:

Juegos Olímpicos:
Oro 300, Plata 200, Bronce 100
Campeonato del Mundo
Oro 150, Plata 100, Bronce 50
Universiada
Oro 60, Plata 40, Bronce 20
Juegos Panamericanos
Oro 30, Plata 20, Bronce 10

No se contabilizan las medallas generales por equipos (sólo equipo mixto de dos clavadistas).
Y los atletas obtuvieron los puntos de la siguiente manera:

Olímpicos
Joaquín Capilla 1 oro, 1 plata, 2 bronces
Germán Sánchez 2 platas (1s)
Paola Espinosa 1 plata (s) 1 bronce (s)
Álvaro Gaxiola 1 plata
Carlos Girón 1 plata
Fernando Platas 1 plata
Iván García 1 plata (s)
Alejandra Orozco 1 plata (s)
Juan Botella 1 bronce
Jesús Mena 1 bronce
Laura Sánchez 1 bronce
Tatiana Ortiz 1 bronce (s)

Campeonato Mundial
Paola Espinosa 1 oro, 2 bronces (1s)
Fernando Platas 2 platas (s)
Rommel Pacheco 1 plata (m) 1 bronce (s)
Joel Rodríguez 1 plata (s)
Eduardo Rueda 1 plata (s)
Iván García 1 plata (s)
Germán Sánchez 1 plata (s)
Viviana del Ángel 1 plata (m)
Yahel Castillo 2 bronces (1s)
Carlos Girón 1 bronce
Marijose Alcalá 1 bronce
Kevin Chávez 1 bronce
Laura Sánchez 1 bronce (s)
Julián Sánchez 1 bronce (s)
Jahir Ocampo 1 bronce (s)

Universiada
Paola Espinosa 5 oros (3 s), 3 platas (2 s), 6 bronces (2 s)
Tatiana Ortiz 2 oros (s) 1 plata (s)
Rommel Pacheco 1 oro, 2 platas (1 s), 4 bronces (2 s)
Fernando Platas 1 oro, 2 platas, 1 bronce
Laura Sánchez 1 oro (s) 1 plata
Marijose Alcalá 2 platas, 1 bronce
Yahel Castillo 1 plata, 1 bronce (s)
Jashia Luna 1 plata (s), 1 bronce (s)
Omar Ojeda 1 plata (s), 1 bronce (s)
Jonathan Ruvalcaba 1 plata (s), 1 bronce (s) 
Luis Niño de Rivera 1 plata
Jesús Mena 1 plata
Julián Sánchez 1 plata
Jorge Martínez 1 plata (s)
Arantxa Chávez 1 bronce
Daniel Islas 1 bronce
Germán Sánchez 1 bronce (s)
Iván García 1 bronce (s)
Daniel Islas 1 bronce (s)
Daniela Díaz 1 bronce (s)

Juegos Panamericanos
Paola Espinosa 8 oros (4s), 3 platas (3 s), 2 bronces (1s)
Joaquín Capilla 4 oros
Fernando Platas 3 oros, 4 platas (1 s)
Rommel Pacheco 3 oros (1s), 3 platas (1 s)
Laura Sánchez 3 oros (2s), 3 platas (2 s)
Iván García 3 oros (1s)
Yahel Castillo 2 oros (1s)
Tatiana Ortiz 1 oro (s), 2 platas (1s)
Carlos Girón 1 oro, 1 plata, 2 bronces
Álvaro Gaxiola 1 oro, 1 plata
Julián Sánchez 1 oro (s), 1 plata
Jahir Ocampo 1 oro (s), 1 plata
Dolores Hernández 1 oro (s), 1 bronce
Germán Sánchez 1 oro (s)
Jesús Mena 1 plata
Juan Botella 1 plata
Luis Niño de Rivera 1 plata
Carlota Ríos 1 plata
Juan Acosta 1 plata
Jorge Mondragón 2 bronces
Marijose Alcalá 1 bronce
José Roche 1 bronce
Ricardo Bañuelos 1 bronce
Guadalupe Canseco 1 bronce
José de Jesús Robinson 1 bronce
Ricardo Capilla 1 bronce
María Adames 1 bronce
Margarita Pesado 1 bronce
Jonathan Ruvalcaba 1 bronce
Alejandra Orozco 1 bronce (s)

jueves, septiembre 10, 2009

Biopics: Dito dito dito, orgasmo garantito

Aquel movimiento estudiantil controlado por la ultraizquierda alejó definitivamente mi eje político de esa corriente. Encontraba yo en ellos un rechazo visceral a la clase obrera, al diálogo y a las instituciones democráticas que, desde mi punto de vista, le hacía juego a la derecha y su juego perverso de “opuestos extremismos”. Un año después, el asesinato de Moro a manos de las Brigadas Rojas me daría la razón.

Al mismo tiempo, en ese movimiento había muchos fermentos culturales de gran importancia, porque significaban una ruptura –que hoy llamaríamos postmoderna- con formas tradicionales de actuar y de pensar.


Lo que escribía acerca de México

De hecho, una parte de mi cabeza ya estaba de regreso en México. Ardía por poder aplicar algo de mi aprendizaje político italiano. En un viejo cuaderno guardé unos apuntes de una larga carta que le escribí a mi amigo Raúl Trejo, analizando la situación mexicana de aquellos primeros días del lopezportillismo:

“La derecha está en estos momentos más fuerte que la izquierda, pero el país no puede retroceder: se necesita la unión de las fuerzas progresistas para combatirla; esto debe hacernos dejar de lado algunas divergencias secundarias, pero es necesario al mismo tiempo no olvidar los objetivos socialistas. En ese sentido, las únicas condiciones básicas por las que debemos de luchar son: reconocimiento a los partidos políticos de izquierda, democracia sindical independiente, reajuste de la economía en defensa de la soberanía nacional y para mejorar la distribución del ingreso, libertad de expresión y manifestación; a éstas se les deben sumar otros menores: amparo agrario, democratización de la enseñanza, lucha contra la corrupción.

“Diferencias con los burgueses reformistas, siempre las habrá, y nuestras posiciones sobre problemas como la nacionalización de empresas estratégicas o las formas de administrar las empresas nacionales persistirán, pero no es el momento de asustar a la gran burguesía y al imperialismo.

“La izquierda, en cambio, debe ser más radical que nunca en lo que se refiere a políticas organizativas y culturales; en el primer caso, avanzar hacia la unidad operacional como previa a la unidad política, promoviendo que las decisiones surjan de abajo para evitar el anquilosamiento de líderes y el chambismo; también aprestarse a crear alternativas sobre todo en la comunicación de masas y la organización de sectores medios. Todo esto implica cambios radicales en la política cultural que debe tocar todas las instancias de la vida cotidiana.”

También le escribí a Raúl mi visión sobre Italia, que concluía: “En resumen, mientras las bases del PCI reaccionan ante la abstención de su partido en un gobierno que les impone sacrificios que ellos consideran innecesarios, a la izquierda de ese partido el vacío político se hace cada vez mayor”. Fue publicada en el periódico del Spaunam, bajo el seudónimo de Beatriz Rouge (que es un anagrama de mis apellidos), bajo el título “La nueva izquierda italiana, en crisis”.


Guido y Antonia

En los primeros meses de 1977 un compañero nuestro de la Facultad se cambió a media cuadra de nuestra casa de la extrema periferia. Era un pasante que estaba haciendo una tesis muy teórica sobre el sistema walrasiano y a quien yo había distinguido el primer día que llegamos a Módena, en el famoso concierto de Incredible String Band. Se llamaba Guido Fabbrini; vivía con su pareja, Antonia Giorgini, y Natalia, la pequeña hija de ésta. Nos hicimos cuates de la pareja y cultivé con Guido una breve, pero intensa amistad.

Guido era alto, fuerte, de pelo rizado y tenía los ojos muy juntos, por lo que lo apodaban Polifemo (los apodos italianos siempre me resultaron muy culteranos); al mismo tiempo era de modales muy suaves, propios de un napolitano de clase media-alta. Antonia era maestra de jardín de niños (trabajaba en el centro, con los hijos de los terroùn), era sensible, con carácter y una persona muy abierta. Natalia tenía tres o cuatro años; estaba en una edad simpatiquísima. Era divertido jugar con ella.

Como buen napolitano, Guido tenía una cultura enciclopédica, pero que iba mucho más allá del conocimiento de los aportes tradicionales europeos –como era el caso de las Tres Gracias-. Pepenaba conocimiento de todos lados, y lo aderezaba con una pizca de su filosofía personal: una combinación de rebeldía de izquierda y cinismo ante la improbabilidad/imposibilidad de los cambios. Era una delicia platicar con él, en conversaciones que iban desde Walras 101 hasta la historia personal de Wilhem Reich y la posibilidad de que el universo fuera un gran despliegue del orgón: un orgasmo en proceso.

Decía Guido que lo de los Indios Metropolitanos era la celebración (subrayado suyo) de que no habría la Revolución Socialista anunciada por el PCI. Negaba que fueran de izquierda: “fíjate qué es lo primero que expropian en sus autorreducciones: whiskey y discos: cuando dicen que quieren todo y de inmediato, se refieren sólo al consumo”. “Son inmediatistas, no revolucionarios, porque ninguna revolución es inmediata”, afirmaba.

Iconoclasta, decía que el capitalismo era la verdadera imaginación al poder. “Otro asunto es que sea imaginación para el engaño y la explotación, pero hay más creatividad en la Volkswagen que en toda la izquierda”.

Orgulloso de su napolitanidad, despreciaba a los modeneses clasemedieros: “cuando ponen un adorno sobre un mueble, se dicen: ‘qué bonito adorno’ y se sienten tranquilos, porque el lugar del adorno es encima del mueble”.


Dito dito dito, orgasmo garantito

De todos los fermentos que se encendieron en aquel año, la conversión del feminismo en un movimiento de masas es el que más cambios sociales significó. Esto se debe no sólo al carácter internacional del movimiento; también a su asimetría respecto a las dos izquierdas que protagonizaban el encontronazo.

Había muchos elementos en común, que compartían todas las izquierdas. Lo había sido la lucha por el divorcio, por los cambios en el derecho de familia (la igualdad legal entre hombres y mujeres) y lo era en los movimientos para la legalización del aborto. Pero eran más las diferencias: el movimiento de las mujeres criticaba radicalmente la política tradicional, y reafirmaba su autonomía respecto a partidos y organizaciones políticas. Una ocasión presencié un debate a gritos entre feministas “del movimiento” y “de partido”. Las primeras defendían a las salaristas (las que decían que el ama de casa debía devengar un salario por su trabajo); las segundas preguntaban: “¿Y dónde queda el amor? ¿Ustedes no hacen nada por amor?” y las del movimiento respondían: “¿Y por qué tenemos que ser nosotras y no ellos quienes hacen algo por amor?”.

El feminismo del 77 tenía problemas en diferenciarse del amplio movimiento cultural que enfatizaba la esfera de las necesidades y de los deseos: la crítica a la inserción pasiva de las personas en la sociedad de producción y consumo.

En esta crítica, resultaba que el machismo se habia insertado orgánicamente en el capitalismo y le era funcional, lo masculino estaba plenamente entretejido con el poder, en todas sus expresiones de la vida cotidiana. Y en términos políticos, los hombres de cualquier ideología se ocupan del funcionamiento de la Gran Máquina y, por sí solos no son capaces de cambiar nada. De ahí, el paso a la exclusión de los hombres es pequeño: una mujer los necesita tanto como un pez necesita una bicicleta.

El gran lema de aquellos años, que se cantaba a menudo en las manifestaciones, era: “Dito dito dito, orgasmo garantito / cazzo cazzo cazzo, orgasmo da strapazzo” (dedo dedo dedo, orgasmo garantizado / verga verga verga, orgasmo chafa). Y las compañeras alzaban las manos estirando orgullosamente índice y pulgar para hacer el signo del poder de la vagina.

Sabíamos que en muchas cosas –no sólo en lo fundamental- tenían razón, pero sentíamos que varias de ellas estaban exagerando. Además, nos dejaban afuera, y eso no le gusta a ningún hombre.

martes, septiembre 01, 2009

Un bat encendido, una estrella encubierta y una rodilla destrozada


Mexicanos en GL. Agosto


Agosto –ya tras largos cuatro meses de ajetreo- suele ser mes de definiciones en Ligas Mayores. Te consolidas, te estancas o te truenas. Entre los mexicanos, Adrián González y su bat humeante y Alfredo Aceves –la nueva estrella escondida de los Yanquis- consolidan un gran año. Al contrario, Luis Ayala y Oliver Pérez tuvieron una temporada para el olvido –y para el quirófano, en el caso del zurdo-. Resulta significativo y preocupante que, salvo Dennys Reyes, ninguno de los lanzadores que representó a México en el Clásico Mundial haya podido hacer la temporada completa. Aquello fue un mal manejo del staff de pitcheo, por donde quiera que se le mire.

Aquí el seguimiento del contingente, siempre de acuerdo con el desempeño acumulado en la temporada:


Adrián González estuvo encendido durante buena parte de agosto, mes en el que bateó para .362, con 6 cuadrangulares y 17 impulsadas para los tristes Padres. En la temporada lleva .272, con 34 jonrones y 77 producidas. Su parque no le ayuda: como local batea .232 con 11 vuelacercas; como visitante, .315 con 23 palos de vuelta entera. Ha recibido ya 99 bases por bolas.

Yovani Gallardo tuvo cuatro aperturas de calidad para los Cerveceros en el mes, contra una mala salida y otra regular. Sin apoyo de su ofensiva, tuvo 2 ganados y 3 perdidos en agosto. En el año, 12-10, 3.56 de carreras limpias y 186 ponches, que lo colocan en tercer lugar de la Liga Nacional.

Joakim Soria no tuvo el mejor de los meses en agosto, tal vez por las pocas oportunidades de salvamento que le dan los Reales. El coahuilense tuvo 3 salvados, un desperdicio, un juego ganado y dos perdidos en el mes. Su porcentaje de carreras limpias admitidas por cada 9 entradas lanzadas se elevó a 2.97. En el año, su marca es de 3-2, 21 juegos salvados y 3 rescates desperdiciados.

Alfredo Aceves se está convirtiendo en el as bajo la manga de los Yanquis. Es el relevista de Ligas Mayores con mejor récord de ganados y perdidos. El de San Luis Río Colorado ganó tres juegos en el mes, para poner su marca del año en 9-1, 1 salvado y 3.88 de PCL.

Jorge Cantú es cuarto bat, pero se ha comportado con la majagua como si fuera el segundo, con pocos batazos grandes. En agosto bajó su promedio a .276, con 13 cuadrangulares, 71 producidas y dos robos. Ya se volvió a acoplar en la tercera base, y comete menos errores.

Scott Hairston, ahora con Oakland, ha bajado un poco su productividad. Su porcentaje en la temporada bajó a .272, con 16 vuelacercas, 53 remolcadas y las mismas 10 bases que se robó con San Diego.

Jorge De la Rosa tuvo en agosto su típica inconsistencia: tres salidas de calidad y dos malas, también tuvo 3 ganados y 2 perdidos (aunque perdió una buena salida y ganó en una mala). Es el lanzador con más victorias desde el Juego de Estrellas. En buena parte dependerá de él si los Rockies pasan a postemporada. En la campaña lleva 12-9, 4.76 de efectividad y 152 ponches recetados.

Jerry Hairston Jr. El mayor de los hermanos Hairston, ahora con los Yanquis, tuvo un buen mes al bat: .293, con 2 jonrones y 10 producidas, pero sin un solo robo y con un error que le cortó a su compañero Andy Pettite un juego perfecto. En la temporada tiene .259, 10 jonrones, 37 impulsadas y 7 robos.

Rod Barajas vio que su bat dejó de languidecer y tuvo un repunte. No en el porcentaje, que sigue bajo, sino en el poder. El receptor de los Azulejos conectó 7 jonrones en agosto. En la campaña lleva .244, 16 cuadrangulares y 60 producidas, las máximas de su carrera.

Dennys Reyes estuvo muy dominador en agosto. El especialista zurdo de Higuera de Zaragoza mantuvo dos ventajas y sólo aceptó una carrera en el mes (en el que lanzó para 1.29 de PCL). En el año, 0-2, 3.77 de limpias, 16 ventajas sostenidas y un juego salvado.

Elmer Dessens regresó rápido a los Mets, y ha hecho una labor más que digna, trapeando innings. Si bien trabaja en situaciones de relativamente poco estrés, los datos lo colocan, con 2.70 de limpias, como el pitcher mexicano más efectivo de la temporada… y el .188 que le batean los adversarios nos dice que no es casualidad.

Augie Ojeda tuvo un gran mes en agosto. No sólo con el bat (.311 y 7 impulsadas); sobre todo con el guante: no lleva error en 81 oportunidades en la segunda base de Arizona. En el año batea para .241, con un jonrón, 12 producidas y tres robos.

Juan Castro brilla con el guante para los Dodgers cuando lo dejan jugar. En la campaña lleva .299, con 1 cuadrangular y 9 impulsadas.

Ramiro Peña está como yo-yo entre los Yanquis –adonde volvió por quince días en agosto- y las Ligas Menores. Mejoró su promedio de bateo, que ahora es de .277, con 7 impulsadas y tres robos.

Rodrigo López pasó del limbo al cielo al purgatorio. Tras su buena actuación como abridor de Filadelfia, fue un desastre en el bullpen y le dieron las gracias. El tiempo dirá si lo de julio fue en realidad Ave Fénix, o el canto del cisne del veterano de Tlanepantla. En agosto tuvo un horrible 27.00 de carreras limpias. En la temporada, 3-1, con 5.70.

Edgar González Sabín se recupera del pelotazo que recibió en la cabeza y ya juega en Ligas Menores. En la campaña, .190, 4 jonrones y 12 impulsadas.

Oliver Pérez tuvo cinco salidas en agosto para los Mets y sólo una de ellas de calidad. La última fue un desastre que obligó a volver a revisar su pierna; se le diagnosticó tendinitis en la rodilla derecha y fue operado el 1º de septiembre. Volverá hasta 2010. En agosto, 1 ganado, 1 perdido y 5.64 de limpias. En la temporada 3-4 y 6.82.

Édgar González vuelve a abrir con los Atléticos para darle un día extra de descanso a sus lanzadores novatos, después de pasarse largo rato trapeando innings con regular suerte. En agosto lanzó para 5.87; en el año lleva 0-1, con 5.24 de efectividad.

Jorge Campillo (1.0 y 4.15 de limpias con Atlanta) termina la temporada en la lista de lesionados.

Luis Ayala estuvo en dos equipos en el año y ambos lo dejaron ir por la misma razón: no ha funcionado bajo presión, y menos en equipos contendientes. En agosto con los Marlines lanzó para 18.90, perdió 2 juegos y desperdició un salvamento. En la temporada, 1 victoria y 5 derrotas, con 5.63 de limpias.

Alfredo Amézaga (.217-0-2) está fuera por la temporada. Luis Cruz, con Pittsburgh, batea para .185 con una impulsada. Walter Silva (0-2, 8.86 de carreras limpias). Arturo López (0-0 y 19.29) y Luis Mendoza (0-0, con 36.00), siguen en las menores.