miércoles, mayo 23, 2018

Biopics: La segunda encuesta de Datavox: “Cárdenas, al alza; Salinas, a la baja”


La segunda encuesta del proyecto Datavox se realizó a principios de junio de 1988. A diferencia de la primera, en esta había copias de un facsímil de la papeleta electoral (impreso en papel revolución) que se depositaban en una urna hechiza. El facsímil lo consiguió Pepe Zamarripa y las impresiones las sacamos en la facultad.

Cuando los muchachos me fueron entregando las urnas, la sorpresa era que Cárdenas iba ganando. Le llevaba dos puntos porcentuales a Salinas de Gortari cuando faltaba la a última, que venía de una colonia marginal, pero ésta acercó notablemente al candidato del PRI. Tuve el prurito de anular una boleta que decía “¡Viva Cárdenas!”. Con todo eso, Cuauhtémoc le había dado la vuelta a los resultados de la encuesta anterior, si bien adelantaba por menos de un punto porcentual.

Deduje que las tendencias decían que Cárdenas ganaría el Distrito Federal por cerca de 10 puntos. “Cárdenas, al alza; Salinas, a la baja”: así cabeceó Pepe Carreño su nota-comentario en La Jornada, aunque la encuesta se publicó en Punto. También parecía que el ganón dentro del Frente Democrático Nacional iba a ser el “partido del ferrocarril”, PFCRN, Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional. La carrera por los escaños capitalinos del Senado se veía bastante pareja; en la encuesta, los priístas ganaban apretadamente porque el PMS tenía otra fórmula (Rincón Gallardo y el Búho Valle).

En la facultad me encontré a dos compañeros profesorers que eran candidatos. Me preguntaron por la encuesta. A Pedro López, que iba por el Ferrocarril, le dije que sería diputado; a mi amigo Eduardo González, que iba por el PMS, le dije, con la pena, que él no. Así sería.

Debo también decir que varios amigos del exMAP no creyeron los datos de la encuesta, tan acostumbrados estaban a ver ganar al PRI. En realidad, me había quedado corto, por dos razones: la primera, fue la famosa última urna. Debí haber escuchado al estudiante, quien me comentó que había gente que le preguntó si entonces ya no tenía que ir a votar el 6 de julio. Posiblemente, esas personas de colonia marginal creían que las estaban presionando y votaban de acuerdo a ello. La segunda razón fue la muestra misma. Estaba bien hecha técnicamente, pero con mala suerte: en ella cayó una de las cinco secciones que ganó Salinas en la ciudad (en Polanco) y una del puñado que ganó el PRI en la elección para el Senado (en la colonia Navidad, en Cuajimalpa).

Otra cosa menor que no preví fue que, como los facsímiles no tenían nombre de candidato, el grueso de los votantes de Cárdenas cruzó donde estaba la palabra “Cardenista”; es decir, en el logo del PFCRN. A la hora de la verdad, la mayoría lo hizo en el primer lugar donde vio el nombre de Cuauhtémoc; es decir, en el PPS.   

Un par de años después, en una comida, el presidente Salinas me preguntó a qué atribuía yo –el único encuestador mexicano que había puesto a Cárdenas por delante en la capital- que la diferencia a favor de Cuauhtémoc haya sido tan superior. Él tenía la idea de que el asesinato de Javier Ovando, candidato a diputado y cercano colaborador de Cárdenas, había tenido influencia. Le dije que en realidad muy poca gente se enteró de ese crimen el día de la elección y le expliqué mis hipótesis. No quedó muy convencido de que la gente pobre, y solamente ellos, hubieran mentido por miedo.

El tercer ejercicio del proyecto fue un conteo rápido de 40 casillas capitalinas. La idea de Eduardo Torreblanca y mía era presentar los resultados la misma noche del 6 de julio en el noticiero de Canal Once. Pero había que tener el visto bueno de la Secretaría de Educación Pública, cabeza de sector del Canal Once. Fui, con un periodista amigo, a la SEP y nos entrevistamos con Héctor Lie, secretario particular del titular, quien muy amable nos dijo que lo consultaría con su jefe.

Días después Torreblanca me dijo que el tiro nos salió por la culata. Le habían dicho a Pedro Ferriz De Con, ancla del noticiero, que bajo ninguna circunstancia nos permitiera dar resultados.


El conteo rápido acabaría siendo publicado en Punto, gracias a Pepe Carreño. Al final, resultó mejor así. La noche de la elección yo no tuve la muestra completa sino hasta las 4 de la mañana y los resultados que tenía, una ventaja de más de 16 puntos de Cuauhtémoc Cárdenas, sólo hubieran abonado al desmadre que se vendría. 

miércoles, mayo 09, 2018

Biopics: Carlos Pereyra y Riccardo Parboni

Con muy pocos días de distancia, en la primavera de 1988 murieron prematuramente dos personajes que tuvieron influencia en mi vida. Carlos Pereyra Boldrini y Riccardo Parboni.

Carlos Pereyra 
A finales de mayo del 88, estaba en quién sabe qué grilla con Arturo Whaley y Pablo Pascual, y me dicen que van a ir al hospital a visitar al Tuti Pereyra. Tenía cáncer. Los acompañé y cuando llegamos, estaban por llevar a Carlos a algún procedimiento médico. Nos vio. Me dijo: ¡Pancho! Yo le dije: ¡Filósofo! Me tomó con fuerza del antebrazo mientras los camilleros empezaban a moverlo. Fue la última vez que lo vi. Moriría el 4 de junio. Tenía apenas 47 años.

Al Tuti Carlos Pereyra lo conocí primero a través de sus ensayos en Cuadernos Políticos, que era una revista de lectura obligada a fines de los setenta. Cuando él me conoció, le caí muy mal, según luego me contó. Fue en el evento de fundación del MAP y yo conté un chiste sobre la guerrilla y la hermana del presidente López Portillo que a Pereyra le pareció de muy mal gusto. “Este es uno de los ultras que vienen con las otras organizaciones”, me dijo que pensó. Pero muy rápidamente nos hicimos cuates, sobre todo a partir de coincidencias profundas que encontrábamos en nuestros respectivos artículos (porque Pereyra, como buen filósofo, era extraordinario hermeneuta: al leer un texto, parecía que también leía los pensamientos).
Filósofo, historiador, politólogo, militante, Pereyra era, antes que cualquier otra cosa, un pensador libre. Por lo tanto, era un antidogmático. Su paso, a través de los años, del marxismo revolucionario al reformismo socialista y democrático fue sincero y a fondo: más de una de vez ponía los puntos sobre las íes cuando nosotros aplaudíamos una medida vertical pero “democrática en el proyecto” (el ejemplo más notorio, su crítica a la nacionalización de la banca de López Portillo). Estaba contra todo prejuicio, contra todo autoritarismo (aunque de repente le ganaban las ideas tradicionales de disciplina partidaria), contra toda reacción visceral e irreflexiva.
Desde mi punto de vista, el Tuti pasó a desconfiar de los partidos comunistas clásicos por el concepto de “clase en sí”, proveniente del marxismo anquilosado, que tenían algunos militantes. Se burlaba de uno de ellos: “Imagínate, ese piensa que cuando se levanta de la cama, con él lo hace el proletariado, y con ese peso histórico se lava, se peina y se viste”. Por eso, porque entendía que había una relación íntima entre las clases subalternas y la nación, porque éramos reformistas y porque sí nos interesaba la democracia, era referente fundamental dentro del MAP.
La rebelión de Pereyra no era sólo contra la sociedad capitalista; también lo era contra las ideas dominantes en la izquierda, contra sus deformaciones y, sobre todo, contra su conformismo intelectual. Entendió que el quid del socialismo es de participación social más que de propiedad y que el voluntarismo es una magnífica forma de suicidio político.
Puedo agregar dos anécdotas. Una, que nunca probó el chicharrón en salsa verde, según confesión propia. La segunda, que se estacionaba como los dioses: en dos movimientos, su vochito blanco cabía perfectamente donde nadie lo hubiera supuesto (“eres una verga estacionándote”, le dije una vez; su reacción fue de divertida extrañeza ante lo que consideró una vulgaridad extrema de mi parte).
Después de las elecciones de 1988 se extrañaron mucho la agudeza y la precisión crítica de Pereyra. Se extrañarían también en otras coyunturas históricas y quiero imaginarme –pero no me alcanza- las cosas punzantes y con pocos adjetivos que escribiría el Tuti acerca del voluntarismo populista que es el pan de cada en el México de hoy.   


Riccardo Parboni 

Una tarde recibí una llamada de mi amiga Anna Bernardi, me dijo que mi maestro y asesor de tesis Riccardo Parboni había muerto un par de días atrás. Que hacía algunas semanas había tenido un ataque cardiaco y que se quedó esperando un trasplante.
Poco tiempo después, escribí un artículo en La Jornada, titulado con el solo nombre.La imagen de él que más se me ha quedado pegada es verlo caminar torpemente entre la masa que salía del Metro Taxqueña una vez que, cuando estaba en México, lo invité a cenar a mi casa: su cabeza por encima de todas las demás. De su extraña casa-biblioteca, que aquí describí como "una amplísima celda de monje enclaustrado".

Este es el texto.  

El 28 de mayo murió, de una afección cardiaca, Riccardo Parboni, uno de los más importantes expertos europeos en economía internacional, lúcido teórico y hombre de izquierda.
Parboni fue uno de los pocos economistas contemporáneos que supo combinar el análisis estrictamente teórico con estudios profundos y detallados de la realidad económica del momento. Entre las aportaciones teóricas de Parboni destaca Moneta e monetarismo (Il Mulino, 1984); en este libro se reconstruye la evolución de los conceptos fundamentales del monetarismo, desde su origen en la revisión neoclásica de la teoría keynesiana, y se critican sus límites intrínsecos, pero se va más allá todavía: Parboni se enfrenta a Friedman en el terreno favorito de este último: la verificación empírica y econométrica, de la que resultan bastante mal parados los monetaristas. El libro también analiza los límites y las dificultades de la puesta en práctica de políticas de control monetario (que no por nada están siendo abandonadas en la mayor parte de los países). En mi opinión, Moneta e monetarismo está destinado a convertirse en un clásico de la teoría monetaria.
La obra más conocida de Parboni es Finanza e crisi internazionale, traducido al inglés como The Dollar and its rivals (New Left Books, 1982). Si tuviéramos que clasificar a los economistas en dos categorías: los “ingenuos”, que consideran que las crisis provienen fundamentalmente de la anarquía el mercado, así como de la imposibilidad de previsión correcta de parte de los sujetos económicos, y los “maquiavélicos”, que entienden las crisis fundamentalmente como las contradicciones que se dan entre distintas jerarquías de poder y de relaciones dominio-subordinación, entonces Riccardo Parboni podría ser colocado como uno de los paladines de los “maquiavélicos”. Su libro da cuenta de ello, y por él se le considera el más notable economista italiano sobre los temas del imperialismo.
La línea central del trabajo es la siguiente: el elemento conductor de la crisis económica internacional es una lucha de poder (de redistribución del mundo) entre las principales áreas capitalistas: Estados Unidos, Europa occidental y Japón, en la que EU intenta impedir, a toda costa, la disminución de su peso relativo internacional. Esta lucha tiene su principal expresión en el terreno financiero, ya que es en la finanza internacional, a través de la asignación de recursos, en donde se deposita el poder sobre la evolución de la división internacional del trabajo y, por tanto, sobre la transformación de la estructura productiva y del conflicto social en los distintos países.
En ese sentido, Parboni tenía un especial interés en los problemas de los países endeudados, particularmente los de América Latina. Ya en 1980, en la versión italiana de su libro, denunció que la crisis internacional se abatiría sobre los países que carecieran de suficientes recursos financieros internacionales, que la apuesta del capital privado internacional era rechazar una acumulación ampliada a nivel mundial, que la naciente ola neoliberal tendía a romper las políticas de desarrollo autónomo (que más allá de la economía implicaba un efectivo no-alineamiento) para asignar a los países periféricos a las distintas áreas capitalistas. Para impedir su independencia real.
Para Parboni, el compromiso con el saber y el compromiso político eranindisolubles. Académico, observador acusioso, activista de izquierda laica: todo estaba fusionado. El año pasado fue el motor de una iniciativa entre las fuerzas democráticas europeas para enfrentar el problema de la deuda de América Latina, a través de un organismo de asesoría técnica y jurídica y de una campaña permanente, de parte de las organizaciones políticas y sociales, para sensibilizar a la opinión pública europea, que ha tendido a ver las cosas desde la perspectiva de los acreedores. El último ensayo que publicó tenía el título El superávit de los deudores, en el que señalaba que, sin un desistimiento parcial de la deuda de los países subdesarrollados, la economía internacional sucumbiría bajo el doble peso de la deuda externa de los países pobres y la deuda externa de Estados Unidos.
Lobo solitario, los placeres de Parboni eran la buena comida y el trabajo, mucho trabajo minucioso. Su estrella apenas comenzaba a brillar, su carrera apuntaba para largo. Murió días después de cumplir 43 años.
Desgraciadamente, no tengo foto de él.


martes, mayo 01, 2018

Se instala la nueva sangre

Mexicanos en GL. Abril 2018

Al término de la temporada 2016 en Grandes Ligas, dijimos que era momento de un cambio generacional en los peloteros mexicanos. El primer mes de la campaña 2018 nos dice que ese cambio ya está en curso. La sangre nueva irrumpe en la Gran Carpa y va dejando atrás a la mayoría de los veteranos, que hace años nos dieron muchas alegrías. De ahí el rimbombante título de esta entrada. El poder del bate de Christian Villanueva, la variedad de lanzamientos de Héctor Velázquez, el control de Víctor Arano, son el llamado del futuro del beisbol mexicano allende la frontera.

Aquí el balance del contingente nacional en el primer mes de la contienda, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado con México en el Clásico Mundial) 

Christian Villanueva se ganó a pulso la titularidad en la tercera base de los Padres de San Diego y se ha convertido en un toletero espectacular. Dio muestras de ello el día que conectó tres jonrones en un juego (su selecta compañía mexicana en esto es un club exclusivo: Beto Ávila, Vinicio Castilla, Erubiel Durazo y Adrián González). Luego tuvo una racha de tres partidos en los que conectó un cuadrangular diario (y no fueron cuatro por un atrapadón de Chris Taylor) y llegó a encabezar las Mayores en OPS (que es el índice que mejor mide la efectividad de un bateador). Como fildeador no es precisamente Aurelio Rodríguez (lleva ya cuatro errores) y tiende a poncharse mucho. Difícilmente sus extraordinarios números de abril podrán extrapolarse para toda la campaña, pero es seguro que brillará en ella. Lleva .321 de porcentaje, con 8 cuadrangulares, 19 carreras producidas y un robo de base. Su OPS, de 1.103 es el cuarto mejor de todas las mayores.

Héctor Velázquez  sabe hacer una cosa: sacar outs. Inició como cuarto abridor de los Medias Rojas de Boston, por las lesiones de Eduardo Rodríguez y Drew Pomeranz. Ganó sus dos juegos y, con la llegada de los titulares, pasó al relevo. Donde lo pongan funciona y, cosas de la vida, relevando dos salidas malitas de Rodríguez y Pomeranz se hizo de otras dos victorias (también porque los patirrojos fueron una máquina de buen bateo). Puede lanzar un inning, dos, tres, cuatro, los que le digan. Su variedad de lanzamientos hace particularmente difícil adivinarlo. En abril, marca de 4-0, un excelente 2.05 de efectividad (carreras limpias permitidas por cada nueve entradas lanzadas) y 15 rivales pasados por los strikes.

Roberto Osuna se convirtió en el lanzador más joven en llegar a cien salvamentos en las mayores. El taponero sinaloense de los Azulejos de Toronto inició el año con nueve apariciones seguidas sin permitir carrera, hasta que desperdició un rescate ante Boston. Lleva marca de 0-0, con 7 partidos salvados, 11 ponches y 2.19 de PCL.

Fernando Salas se ha convertido en una de las razones por las que los Diamantes de Arizona iniciaron tan bien la temporada. En el relevo intermedio ha estado normalmente intratable: lo normal es que, o mantiene la ventaja que le dejaron, o cuelga ceros y su equipo da la vuelta. Sólo en un par de ocasiones le han anotado. Sus numeritos: 3 ganados, 1 perdido, un hold (ventaja sostenida en situación de salvamento) y 1.56 de efectividad.

Víctor Arano coleccionó innings perfectos. Al inicio de la temporada lanzó 8 y un tercio sin que se le embasara un solo jugador (y el primero que se le embasó fue por error de fildeo), y para entonces –tomando en cuenta la campaña anterior- llevaba la friolera de 35 outs consecutivos. El sobrino del enorme Trespatines terminó el mes con 13 ponches en 12 innings, y un minúsculo 0.75 de porcentaje de carreras limpias. Lamentablemente, un tirón en el hombro lo mandó a la lista de lesionados comenzando mayo.

Joakim Soria quiere que a Roberto Osuna le cueste trabajo alcanzarlo como máximo taponero mexicano de la historia. Ahora como cerrador de los Medias Blancas de Chicago se ha apuntado 4 rescates (el equipo es malito) y ha desperdiciado uno. El de Monclova tiene 2.19 de efectividad y 10 chocolates recetados.

Jorge De la Rosa ha sido otra de las piezas importantes de los Diamondbacks. En el relevo intermedio, el veterano ha podido controlar la situación (se le embasan alguito, pero se quedan suspirando sin anotar). Sólo una vez timbraron en su contra, y el zurdo regiomontano se llevó la derrota. Su marca de abril: 0-1, 4 holds, un excelente 0.96 de limpias y 6 ponches.

Adrián González acabó con los Mets de Nueva York y se pensó que, tras la pésima temporada de 2017, sus días ligamayoristas estaban contados. Tiene que hace una sesión diaria de terapia para la espalda para seguir jugando. Llegó con bajas expectativas, pero las ha superado, sin que ello signifique que sea el Titán de antes. Ha jugado la primera base contra pitchers derechos. Su guante sigue siendo exquisito, su poder sigue a la baja, y –sobre todo- sigue siendo un pelotero clutch. Pocos tablazos, pero al momento justo. Eso explica su línea de bateo: .227, 3 jonrones (incluido un Grand Slam) y 17 empujadas.

Jaime García, ahora con los Azulejos, no ha lanzado mal, pero tampoco bien. Cinco salidas, ninguna desastrosa, pero sólo una de calidad. 2 victorias, 2 derrotas, un poco agraciado PCL de 5.40 y 28 ponchados.

Luis Cessa, con los Yanquis, tras un par de actuaciones en el relevo, estuvo por abrir un juego (pero fue suspendido por lluvia), de ahí pasó a AAA y luego a la lista de lesionados. Efectividad de 4.50 y 5 pasados por los strikes.

Carlos Torres llegó a mitad de mes a los Nacionales de Washington (ya se sabe que cambia a cada rato de equipo). En ese lapso, ha lanzado pelota de 4.91, con 4 ponches.

Marco Estrada inició bien y se ha ido lentamente para abajo. El sonorense de los Azulejos tuvo dos salidas de calidad para iniciar la temporada 2018, y luego tres aperturas deficientes. Al hombre del gran cambio de velocidad le siguen pegando poco, pero cuando lo hacen a menudo le vuelan la barda. Sólo en una de sus apariciones –que perdió- no le conectaron jonrón. Lleva marca de 2-2, 6.00 de PCL y 23 sopas de pichón

Sergio Romo está en el bullpen de las Rayas de Tampa Bay y su desempeño ha sido desigual. Cuando estaba empujando para tirarle el puesto de cerrador al inconsistente Alex Colomé, le volvieron a pegar con gusto. Sus números: 5.59 de PCL, un hold, dos rescates desperdiciados y, eso sí, 14 chocolatotes a los bateadores rivales.  

Miguel González obtuvo un buen contrato con los Medias Blancas, pero ha decepcionado. Tres salidas, tres palizas, una peor que la anterior. Al final de mes le diagnosticaron una lesión en el hombro (tal vez fue eso lo que afectó al Mariachi). Horribles números de abril: 0-3, 12.41 de limpias y sólo 5 ponches.

Alex Verdugo se integró a los Dodgers hacia finales de mes. La enfermería en la que se ha convertido ese equipo asegura que se quedará un rato. Le dio tiempo en abril para conectar 2 hits en 5 turnos al bat.

Yovani Gallardo fue dejado libre por los Cerveceros de Milwaukee, con los que había firmado, por su pésimo desempeño en la pretemporada. Lo rescataron los Rojos de Cincinnati, pero sólo para darse cuenta de que no trae nada en la pelota. Le pegaron con tubo al veterano michoacano y los Rojos lo despidieron. Sus números: 0-0, un impresionante, por lo feo, 30.86 de PCL y un par de ponchecitos.

Efrén Navarro es, a los 31 años, el típico pelotero de reemplazo. Esta vez estuvo un rato con los Cachorros de Chicago. Bateó un hit en 6 turnos (y se ponchó cuatro veces) antes de regresar a las Menores.